El “streaming” preocupa a la industria cinematográfica
El nuevo “cuco” de la industria cinematográfica mundial se llama “streaming”: la descarga de películas que florece sin freno en Internet y permite verlas en vivo en diversos sitios montados al estilo de YouTube. Por ejemplo, mientras que los espectadores británicos debieron esperar hasta su estreno en salas de cine para evaluar si “El curioso caso de Benjamin Button” merecía las nominaciones al Oscar, cientos de personas en todo el Reino Unido ya habían visto el film en sus computadoras hogareñas. El vacío legal y la imposibilidad de rastrear los servidores lo convierten en un problema difícil de manejar.
Los expertos en piratería señalan que el sitio Watch-Movies.net cosecha unos quince millones de espectadores por mes, lo que lo ubica en el puesto 240 de los sitios más populares del mundo. Eddy Leviten, de la Federation Against Copyright Theft (Federación contra el robo de copyright), una alianza de estudios cinematográficos ingleses y estadounidenses, afirma que el streaming se ha vuelto extremadamente popular en el último año y medio. En su opinión, el problema es que el servidor del website puede estar en un territorio, la persona que sube la película en otro, y el sitio en el que el film está alojado en un tercero, lo que requiere una exhaustiva cooperación internacional para detectar el streaming. David Price, investigador de la empresa consultora de Internet Envisional, dice que es muy difícil cerrar los sitios web porque tienen cuatro o cinco servidores desparramados por el globo, y en muchos países, no se considera que estén haciendo algo ilegal. Es el juego del gato y el ratón.
Según las últimas cifras del British Film Council, el robo digital le costó a la industria cinematográfica de Gran Bretaña unos 100 millones de libras en 2007. Y, según cálculos de la Motion Picture Association of America, el sector perdió globalmente 11 billones de dólares en 2005. Price señala que el verdadero monto de las pérdidas es imposible de cuantificar. Lo que han hecho fue acercarle a la gente la posibilidad de ver películas con sólo hacer un “clic”. La industria cinematográfica deberá intentar adaptarse al mismo servicio que ofrecen las compañías de televisión. Así, el público preferirá ver contenido legítimo en el BBC Player, por ejemplo, y no en un sitio pirata.