A 45 km de Caracas, en la zona industrial del este de Guarenas, funciona desde el 21 de julio de 2007 la Fundación Imprenta de la Cultura, dependiente del Ministerio para el Poder Popular de la Cultura de Venezuela, un caso único de política cultural en América Latina. 8 millones de ejemplares de catálogos diversos, de buena calidad y a un precio inferior al de un atado de cigarrillos, se han producido sólo en el primer semestre de 2008. Una experiencia tal vez comparable con las políticas editoriales de EUDEBA y el Centro Editor de América Latina en los años sesenta y setenta.
La FIC está dotada con maquinaria, recursos de última generación y personal calificado, y abastece una ambiciosa política pública a través de los más diversos proyectos editoriales: publicación de los premios literarios, de ensayo y poesía oficiales, edición de clásicos venezolanos y latinoamericanos, colecciones para chicos, libros y revistas de centros comunitarios y zonas vulnerables. Además, la FIC provee de material a campañas masivas de promoción de la lectura y presta servicios de imprenta al conjunto del Estado en sus distintos niveles, a un costo notablemente inferior. 134 empleados trabajan en el predio de una 1 hectárea, una verdadera planta fabril a pura actividad. Con tres turnos diarios, todos resaltan los beneficios económicos y laborales de los trabajadores: compensaciones por comidas y traslados, salario justo, seguridad social, acceso a crédito y participación en las decisiones.
Las rotativas Cityline Express, máquina alemana ensamblada en la india, imprime 16 mil libros por hora. La Roland 700, con tecnología de última generación, alcanza la misma cantidad, a 5 colores y con barniz. La Roland Miehle es otra de las máquinas, pero demora el doble de tiempo. La Bolero es la encuadernadora, que completa el trabajo en la misma escala de producción. La imprenta puede alcanzar los 20 millones de libros al año.
El 10 de febrero de 2005, al crearse el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, Venezuela impulsa una serie de cambios para el sector cultural. Entre ellos, se constituye la Plataforma del Libro y la Lectura, integrada por el Instituto Autónomo Centro Nacional del Libro, la Fundación Biblioteca Ayacucho, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, y las fundaciones Casa Nacional de las Letras Andrés Bello, editorial El perro y la rana, Librería del Sur y Distribuidora Venezolana del Libro. De esta forma, empiezan a coordinarse y potenciarse esfuerzos hasta entonces dispersos y de un alcance relativo, que colocan al Estado en un rol activo.
Los principales libros que surgen de la FIC provienen de tres editoriales: El perro y la rana, Monte Avila editores y Biblioteca Ayacucho. El perro y la rana realiza publicaciones masivas y a bajo costo, con el objetivo de acercar la literatura nacional y universal en diferentes formatos, estimular la creación literaria y rescatar tradiciones, a través de sus colecciones Cada día un Libro, Poesía del Mundo, Alfredo Maneiro y la reciente de Literatura Infantil. Estas obras literarias abren y consolidan espacios para la expresión, y brindan oportunidades de publicación a escritores, poetas y artistas que en el pasado no accedían a la edición. La producción masiva de libros, incluye, además los volúmenes de la Biblioteca Básica del Poder Comunal, la cual consta de 50 mil libros por cada uno de los 100 títulos seleccionados.
La Plataforma del Libro y la Lectura abarca también el segmento de distribución de los libros. En efecto, uno de los aspectos más controvertidos en la industria editorial actual es precisamente la posibilidad de distribuir un libro y no tanto fabricarlo, dado que las posibilidades de producción han aumentado mientras que el cuello de botella se ha trasladado al otro extremo de la cadena de valor. En 2003, la Fundación Librería del Sur contaba con 16 librerías pero a partir de 2004 inició un proceso de expansión que en el presente triplica esa cifra, alcanzando 54 locales en 24 estados. Las librerías del Sur son lugares no sólo para la venta de libros sino que sus instalaciones se han convertido en espacios abiertos al público para el contacto con el libro y la lectura. Los costos de impresión han bajado y, si bien los catálogos editados no reemplazan al libro importado o al generado por la actividad privada, sí han puesto un límite en la cadena de valor. Al mismo tiempo, han mejorado la capacidad pública de ofrecer bienes culturales y la posibilidad de millones personas de adquirirlos.
Fuentes: elaboración propia con información del Ministerio del Poder Popular para la Cultura de Venezuela.