Con el desarrollo de la tecnología digital e Internet, las industrias de producción de bienes y servicios culturales se encuentran simultáneamente frente a una multiplicación de oportunidades y conflictos. Esto se manifiesta especialmente en el sector fonográfico, que experimenta una importante ampliación de sus potenciales de comercialización a través de Internet, por ejemplo, si se piensa en sitios de descarga legal como MySpace, iTtunes y Amazon.com.
Según datos de la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (CAPIF), en su Informe anual de 2007, la comercialización de los formatos digitales, tanto a través de Internet como por telefonía móvil, tiene una participación del 4,1% del mercado local de la música. De esta manera, la adquisición de contenidos vía Internet creció casi tres veces en un año. A nivel internacional, cabe destacar el desarrollo de comunidades virtuales como MySpace, que recientemente ha llegado a firmar acuerdos con Universal, Sony BMG y Warner Music para comercializar música en forma digital. Este proyecto abrió la posibilidad de que los artistas sumen contenidos para su descarga, además de poner en venta productos adicionales como por ejemplo entradas de conciertos y temas inéditos.
En la Argentina, los primeros ejemplos de este proceso no se hicieron esperar: mediante un acuerdo con una empresa de telefonía celular, el nuevo disco del grupo Babasónicos “Mucho”, salió a la venta para ser bajado por celular, en forma completa, gratuita y sin gastos de tráfico de datos, antes que en CD. Por otro lado, los datos relevados sobre piratería musical por Internet señalan que, en 2007, en Argentina, se descargaron seis millones y medio de temas musicales, superando ampliamente la cantidad de temas grabados en el país en igual período. Ante la actual situación, en que las descargas legales en el país son escasas, el fenómeno de intercambios de archivos y descargas desde sitios no comerciales, se expande vertiginosamente.
Un problema no menor, tanto para la industria discográfica como para muchos artistas que viven de la composición de obras musicales y de las regalías que se desprenden de la venta de discos en formato físico. Mientras que los primeros destacan pérdidas en el volumen de ventas que rondan el 60%, lo cual afecta el margen de ganancias y, con ello también una gran cantidad de puestos de trabajo, los últimos ven amenazadas sus posibilidades de “vivir de la música”.
A nivel global y nacional, el sector parecería estar debatiendo principalmente tres opciones para afrontar el “desafío de la era digital”: por un lado, y ésta resulta ser la posición más adoptada en nuestro país, se busca encontrar nuevas formas de persecución jurídica para hacer valer los derechos de autor. Esta perspectiva implica involucrar a los proveedores de Internet para localizar usuarios que infrinjan dichos derechos. Este modelo ha sido descartado por la Corte Suprema de la Unión Europea porque prioriza el derecho comercial sobre el derecho de privacidad de las personas. Un segundo camino ha sido señalado por las mismas discográficas que han comenzado a buscar la solución mejorando el marketing de productos, es decir, agregándole valor al producto físico (CD, DVD) a través de un packaging atractivo, booklets y accesorios varios. Las empresas, además, comienzan a subsidiar el negocio de la venta de discos con la venta de servicios a los mismos músicos, como por ejemplo la gestión y promoción de eventos y recitales.
Por último, están surgiendo modalidades por las cuales se busca “hacer las paces con el enemigo” y modificar consecuentemente las constelaciones de poder en la relación artista-distribuidor-consumidor. Según la revista Rolling Stone, algunos músicos como Smashing Pumpkins, Radiohead, o Madonna han descubierto que pueden editar su música, establecer relaciones más estrechas con su público, y aumentar sus ingresos de manera independiente, sin el aval de las grandes compañías. Recientemente, el director de CAPIF ha señalado el camino hacia la rentabilidad de la venta por Internet. Contra el pago de un abono mensual, cada usuario podría configurar y descargar una lista individual de canciones desde un banco de contenidos.